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En el día a día, las novedades de la tecnología y de la imagen en la transmisión del conocimiento, resultan atractivos para el hombre del siglo XXI. La comunicación en dimensiones impensadas, hace apenas dos décadas, vuelve a veces inabordable la totalidad del conocimiento y conduce a una puntillosa especialización.

¿Qué lugar de ese escenario puede albergar espacio para el estudio de la historia? ¿Dónde ubicar el interés del hombre atrapado por múltiples desafíos, la historia de las cruzadas, las expediciones portuguesas a África en el siglo XV, la idea del progreso indefinido en la Belle Èpoque, por qué el Imperio Otomano perdió su espacio de poder, o, como era el mundo en 1772 o en 1904?.

Presente y futuro están enlazados y exhiben un vínculo evidente. Presente y pasado parecen señalar un abismo entre ambos, pero sin embargo poseen un fortísimo vínculo que es su núcleo y su principal protagonista: el hombre. El hombre desde la producción del primer fuego o desde sus creaciones cibernéticas, contiene al presente y a la historia.

Pero, ¿por qué lo que parece un área del conocimiento que debería despertar la curiosidad masiva, casi obvia de todas las personas por el pasado, parece en cambio aburrida, obsoleta?. La respuesta es cambiar las formas de conocer, las herramientas de búsqueda y los cuestionamientos a la historia.

Su horizonte es vasto, intrincado. Hurgar en hechos y espacios insólitos y remotos, puede explicar mi cotidianeidad, descubrir hechos históricos producidos por una persona, que afectan a millones. Todo está ahí, delante nuestro, sólo hay que elegir el camino de búsqueda. Plantear adecuadamente la pregunta desde el presente..

 

La historia no se repite como creían los griegos, ni es una maestra de la vida, como consideraban los romanos, ni está en constante evolucionan, como predicaban los decimonónicos creyentes del progreso. La historia es única e irrepetible en cada instante, en cada lugar de su devenir, así como cada hombre y su tiempo son únicos e irrepetibles. Pero produce efectos que al constituirse en hechos históricos, cambiarán el presente y me permitirán imaginar el futuro o analizarlo en prospectiva.

Esta ciencia de características particulares, no se rige por leyes sino por tendencias. Sus conclusiones no se pueden someter al ejercicio experimental porque son irreproducibles. Tampoco se pueden medir, ni cuantificar, porque cada gesto humano no tiene réplica y su tiempo y su espacio, no se pueden recrear en un laboratorio.

En vez de aferrarse a un relato, a la narración como cuento, el historiador y todo aquel que disfrute de la historia, deben convertirse en constructores de puentes, túneles hacia el pasado sostenidos por “enrejados” de hechos históricos  con señales luminosas que requieren de un espíritu crítico para continuar por la senda correcta. Un hito lleva a otro y ese a un nuevo descubrimiento, que una vez consolidado, permite avanzar.

Intuición, búsqueda, imaginación, validación, chequeo de fuentes, comprensión de tiempos y espacios culturales, son algunas de las herramientas  de la historia

En ese contexto, las nuevas tecnologías del conocimiento, se vuelven una herramienta valiosa, en corporizar la posibilidad de múltiples análisis procedentes de escenarios dispares, de miradas diversas,  aunque simultáneas en el  tiempo.

Pero quizás el punto de mayor impacto de e-learning en historia, lo constituye la posibilidad de otras alternativas, más allá de la tradicional clase magistral (el primer motivo por el cual la historia ha perdido y pierde adeptos: por aburrimiento).

La narración cautiva al que escucha y cautiva al narrador por su proximidad con la poesía y la expresión artística. Pero su límite es la pasividad a la que es sometido el oyente. Es ahí, donde la posibilidad de interactuar, de formular preguntas, de crear foros para solución de problemas, los registros de datos comparados, el análisis de la imagen, conforman un conjunto de recursos que todos pueden utilizar, aún sin ser expertos en historia

Y entonces la historia de las cruzadas, puede explicar las desavenencias en torno a Medio Oriente, y las expediciones portuguesas al África en el siglo XV, puedan dar algunas respuestas sobre el tema de los refugiados, o la idea del progreso indefinido en la Belle Èpoque, pueda revelar causas de los problemas de desocupación o de cambio climático en Europa. Esta es la propuesta del Instituto de Historia del último  Milenio.

Los invito  entonces a participar de una experiencia activa para descubrir la historia.

                                                                           Dra. Patricia Falconi

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